
Ruge furioso el viento
"peta" contra mi ventana.
Yo me despierto.
Y veo allá en el fondo
mi querida montaña.
Iré a tu ladera esta tarde
y rezaré una oración
por la humanidad
que esta tan enferma
de la injusticia y del hambre.
Te harás cargo
y el día que tu paciencia se acabe
lo arrasaras todo
con tu lengua de fuego
acabarás con tanta miseria humana.
Quizás quede una flor y unos ojos
justos para mirarla.
Empezaremos de nuevo
tu en tu plenitud
y yo ya vieja y cansada.